En las situaciones de crisis de pareja, lo habitual es centrar nuestras preocupaciones en relación con las medidas de guardia y custodia de los menores, la atribución del domicilio conyugal o habitual, los regímenes de visitas de los hijos menores y la pensión alimenticia y/o compensatoria, así como la liquidación de los bienes comunes de las parejas y/o cónyuges.

Es evidente que la prioridad en situaciones de crisis familiares es garantizar y tutelar el interés superior de los hijos menores de edad, sin embargo, existen habitualmente disputas con respecto a la custodia de las mascotas, ya que no siempre está clara su “propiedad” y es evidente que no se trata de objetos, sino de seres dotados de sensibilidad y que las crisis de pareja afectan tanto a los dueños de los animales como a los propios animales de compañía, dada la sensibilidad y cariño mutuo.

Regulación de las mascotas

La regulación actual de las mascotas, obliga a la inserción de un microchip y la tenencia de una cartilla del animal, en la  cual va a constar únicamente un propietario, todo ello pese a que la adquisición sea realizada de forma conjunta, lo cual crea conflictos en cuanto a la titularidad o propiedad.

En la legislación, la normativa de la Unión Europea  existente  en el Protocolo que figura como Anexo al Tratado Constitutivo de la Unión Europea (Ámsterdam 1997), así como el art. 13 del Tratado de Lisboa de 2013, recogen el principio de exigencia de bienestar animal en relación con su consideración de “seres sensibles”.

En España, existe regulación en cada Comunidad Autónoma, la regulación en Galicia viene establecida por la Ley 1/1993 de Protección de los Animales Domésticos y en Cautividad, que fue objeto de reforma por la Ley 8/2014, de 26 de septiembre.

La custodia de la mascota en crisis

Si bien la normativa más conexa con la situaciones de crisis familiares, es la Proposición de Ley, de 1 de marzo de 2019,  de modificación del Código Civil, Ley Hipotecaria y Ley de Enjuiciamiento Civil, en la cual se trata la modificación del art. 333 del Código Civil,  dejando de considerar a los animales de compañía como cosas  y por tanto, debiendo  primar su bienestar de forma consecuente con su consideración como seres dotados de sensibilidad.

Esta proposición de Ley ha de considerarse como un gran avance, al dejar de considerar la simple propiedad y posesión del animal como una cosa, como especialmente por la aplicación analógica de la normativa de los arts. 94 y 103 del Código Civil (al menos hasta que su futura modificación), al considerar el bienestar del animal y el interés de los miembros de la familia, como los motivos  para establecer un régimen de guardia y custodia, obligando por ejemplo a la inclusión en los Convenios Reguladores de una cláusula relativa a la guardia y custodia de los animales de compañía, aplicando en definitiva la normativa relativa a las crisis de pareja para la resolución de los conflictos derivados de la custodia de las mascotas.

Por lo tanto podemos establecer  que la propiedad de un animal de compañía ha de considerarse compartida por los miembros de una pareja si éste fue adquirido mientras mantenían una relación afectiva con residencia común, y que en caso de separación, han de ponerse de acuerdo sobre la custodia de la mascota, considerando primordialmente el bienestar del animal y el interés de los miembros de la familia, fijando  de un régimen de visitas y obligaciones (gastos compartidos), considerando por tanto la guardia y custodia compartida del animal como la fórmula idónea para ello, siempre que las circunstancias de los propietarios lo permitan, primando el bienestar del propio animal, estimando acertadas las estancias por periodos quincenales, o bimensuales en función de la proximidad de los domicilios de los titulares.

En caso de que no sea posible el acuerdo al respecto, la única solución será acudir al Auxilio Judicial o a la Mediación,  como fórmula definitiva para la solución del conflicto.

Un artículo de Diego González-Agís Alarcón (Director de Optimaley Pontevedra) – Ver perfil