A lo largo del confinamiento y durante el periodo de crisis provocada por el COVID-19 muchas pueden ser las preguntas que nos invadan sobre el futuro, tanto a nivel personal, como a nivel patrimonial. Respecto a este último, podemos considerar que una de ellas es la posibilidad de ordenar el cauce sucesorio de nuestros bienes, incluso para antes del inevitable fallecimiento y hacer testamento es una de las fórmulas.

Respecto a este peliagudo tema, voy a tratar de poner un poco de luz sobre las sombras, manteniendo la sobriedad y sin caer en el catastrofismo.

Con carácter previo, cabe indicar que el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma, en poco o nada influye en esta materia, ya que el mencionado Real Decreto ha tenido únicamente por finalidad afrontar y tratar de paliar los efectos de la crisis sanitaria, regulando el confinamiento, medidas fiscales y otras de ámbito civil que no afectó al derecho sucesorio previo.

Por lo tanto, nos encontramos en la obligación de aplicar la normativa precedente, con la que podremos solucionar y afrontar cualquier cuestión. En nuestro caso, al encontrarnos en un territorio con derecho foral propio, debemos de aplicar en primer lugar la Ley 2/2006, de 14 de junio, de derecho civil de Galicia; y en lo no previsto en esta última, aplicar de modo supletorio la normativa de derecho común, el Código Civil.

La medida sucesoria por excelencia es el otorgamiento de testamento notarial. No obstante, debemos tener en cuenta dos planos que juegan unidos entre sí en esta institución, el elemento volitivo (voluntad y contenido) y la forma que debe adoptar nuestra última voluntad.

La voluntad y el contenido para hacer el testamento

En cuanto al elemento volitivo, debe partir ineludiblemente de la persona, siendo obligación del profesional que el cliente conozca sus posibilidades, así como su correcta plasmación en el instrumento elegido. En este punto siempre es recomendable acudir a los servicios profesionales apropiados, ya que no en pocas ocasiones, una voluntad testamentaria no ha estado exenta de controversias a causa de una defectuosa comprensión de las instituciones (legados, legitimas, sustituciones…), o ha sido recogida de manera excesivamente simple o farragosa. Es vital para la efectividad de un testamento que el testador exprese su voluntad al profesional y éste se encargue de dar una forma jurídica que pueda desplegar toda su efectividad.

La forma del testamento

En cuanto a la forma en la que podemos hacer testamento, y no entrando en casos específicos como el testamento ológrafo, el hecho en peligro de muerte o el hecho por comisario (especialidad gallega), podemos señalar dos, testamento individual y testamento mancomunado (propia del derecho civil de Galicia).

Testamento individual

Respecto a la primera de ellas, el testamento individual (técnicamente conocido como testamento abierto por su forma de otorgamiento), su regulación, contenido y aplicación es exactamente igual en el Código Civil y en la Ley Foral Gallega, ya que esta última no presenta, salvo matices, regulación al respecto. En este caso, siempre es recomendable la elaboración de una previa minuta que recoja la voluntad del testador, antes de acudir al Notario, ya que existen ciertos requisitos que necesariamente deben ser recogidos en el testamento para que éste tenga plena eficacia. No pocos son los casos en los que surgen disputas entre herederos por no haber respetado legítimas, omisión de alguno de ellos, o incluso alguna mención sin atribución de bienes. Es por ello que vuelve a ser crucial la figura de un abogado que se encargue de velar por el cumplimiento de todos los requisitos formales y materiales.

Testamento mancomunado

La otra forma de testamento, el mancomunado, regulado en los artículos 187 a 195 de la Ley de Derecho Civil de Galicia. Este forma de hacer testamento constituye una especialidad gallega no exenta de pros y contras. Es mancomunado el testamento cuando se otorga por dos o más personas en un único instrumento notarial, pudiendo otorgarlo los gallegos en Galicia o fuera de ella. No es preciso que sean cónyuges pero solo éstos y las parejas de hecho pueden dar a sus disposiciones el carácter de correspectivas, es decir, aquellas disposiciones de contenido patrimonial otorgadas por razón o en consideración de las otorgadas por la otra parte. Es decir, dos personas que mantengan una unión formal y estable podrán otorgar testamento con un único otorgamiento, reduciendo así los costes y tiempos.

El principal escollo de esta forma de testar es su problemática en su revocación o modificación posterior, ya que se revocará conjuntamente por quienes lo otorgaron, o de forma unilateral, no afectando en este último caso a las disposiciones correspectivas. Otra cuestión es que su revocación habrá de ser notificada a los otros otorgantes, lo que evidentemente no favorece el secreto de las disposiciones testamentarias.

Esta es una figura que debe ser tratada con excepcional cautela y siempre previo conocimiento y comprensión del alcance de tales otorgamientos.

Los pactos sucesorios

Hasta ahora he expuesto los instrumentos que podemos utilizar para ordenar el cauce de nuestro patrimonio para después del fallecimiento. No obstante, y en atención a la especial situación de crisis económica que ha hecho aparición después de la situación de pandemia, resulta sumamente interesante conocer la existencia de los pactos sucesorios, especialidad gallega.

Antes de entrar en la regulación de los mismos, debemos hacer mención al carácter fiscal de tales pactos sucesorios, regulación fiscal que resulta aplicable en Galicia a cualquier tipo de sucesión. Tras la modificación operada el día 1 de enero del año 2020 del Decreto Legislativo 1/2011, de 28 de julio, hay que destacar la introducción de unas reducciones, en su artículo 6, con carácter subjetivo que suponen una mejora con respecto a las mismas reducciones establecidas por la normativa estatal y sustituyen a éstas. Estas reducciones por parentesco que afectan a las adquisiciones habidas de padres a hijos, hijos a padres y al cónyuge, tienen un importe de 1.000.000 de euros, lo que supondrá que la inmensa mayoría de los pactos sucesorios estarán exentos de tributación, algo tremendamente interesante y destacable a nuestros clientes.

Esta situación fiscal plantea una triple ventaja a los pactos sucesorios, ya que por un lado, suponen una forma de dirigir el cauce de nuestro patrimonio decidiendo e imputando bienes y derechos a personas determinadas en el momento que nosotros decidamos. Por otro lado, puede resultar de incuestionable ayuda a nuestros seres queridos, ya que es una forma de contar con bienes y/o liquidez inmediata. Y por último, los innegables beneficios fiscales de los que gozamos desde principios del año 2020, sin saber en qué momento se producirá la siguiente modificación fiscal.

La Ley de 14 de junio de 2006 de Derecho Civil de Galicia regula, principalmente, dos pactos sucesorios; el llamado pacto o contrato de mejora, regulado en los artículos 214 a 218 y la apartación o apartamiento, regulado en sus artículos 224 a 227.

El pacto de mejora

El pacto de mejora supone un pacto por el que se establece a favor de los descendientes atribución en bienes concretos. En la práctica supone la entrega a un hijo o descendiente de uno o varios bienes que habrían de heredar en el futuro, es decir, es un anticipo de una parte de la herencia. Es común la transmisión de bienes inmueble o entregas de dinero a favor de los hijos, teniendo en cuenta el tratamiento fiscal de esta institución. Se trata de una forma de capitalizar y ayudar a los hijos que atraviesen una situación complicada; pero sin perjudicar a otros hermanos o descendientes, ya que esta mejora contabilizará como parte de la herencia que el mejorado tenga que percibir.

La apartación

La apartación es un pacto sucesorio por el que un descendiente y su linaje quedan excluidos en la herencia del apartante, a cambio de los bienes concretos que le sean adjudicados. A diferencia del anterior pacto, en la apartación se le hace entrega a los hijos y descendientes de toda la herencia que les hubiere de corresponder en la sucesión del aportante, bien en forma de bienes, bien en forma de dinero. En este sentido es un anticipo de toda la herencia.

 

En resumen, una de las formas de protección de nuestro patrimonio es determinar el cauce que nuestros bienes van a tener, actuando como forma de autoprotección o bien como forma de cuidar de los nuestros en el momento actual, mediante los pactos sucesorios. La efectividad de estas instituciones depende de forma determinante del profesional encargado de determinar la figura que mejor se adapte a las circunstancias personales del cliente, así como de asegurar el cumplimiento de todos los requisitos para un correcto otorgamiento del instrumento finalmente utilizado; pasando por un correcto tratamiento fiscal. Es por esto que se hace imperativo que consulte con su abogado antes de decantarse por el otorgamiento de cualquiera de estas figuras.

 

Un artículo de Agustín Ausín Mourín. Ver perfil.